La mejor carrera

Cuando era muy joven, tomé la decisión de contraer matrimonio y Dios me envió un esposo especial, aún sin haberlo pedido, a quien me he sometido con paciencia y amor. Esa fue la carrera que escogí.

Sin embargo, siempre soñé hacer una carrera profesional. Ser una persona grande, admirada y también ayudar a mi madre. De esa manera podría devolverle algo al lugar en el cual me crié y de hecho, lo hice. Me gradué de maestra, vocación que no tenía, pero que desempeñé durante cinco años con mucho amor y dedicación a niños campesinos. Siendo honesta, sentí que solo una parte de mi sueño se cumplió porque quería seguir adelante con proyectos superiores, los cuales no pude realizar por motivos económicos en mi hogar.

Con el paso del tiempo, me sorprendí al notar mi talento para la educación con los niños. La angustia y la frustración eran dos sentimientos que me invadían cuando pensaba en no ejercer mi carrera. Sin embargo, en ese trayecto de mi vida fui aprendiendo a tener paciencia y a esperar confiadamente en Dios. No sé porqué, pero tenía la certeza de que algún día me daría esa alegría.

Con el paso del tiempo, Dios me bendijo con tres preciosas niñas y ahí descubrí que mi profesión era diferente. No solo se trataba de educar sino de amar, tener paciencia, actuar con sabiduría y dar lo mejor de mí sin esperar nada a cambio. Aprendí que el amor, junto con la paciencia, todo lo pueden y que es mejor dar que recibir. También enfrenté adversidades que fueron edificándome –como si asistiera diariamente a la universidad de la vida– y de cada situación aprendí que algo mejor vendría.

Dios tenía para mí la mejor carrera: ser esposa, madre, mujer y lo mejor de todo, ser profesional en amar porque fui creada por Él.

Ese fue, es y será mi mejor regalo y mi profesión: ser una mujer exitosa en mi hogar porque el éxito se logra a base de múltiples esfuerzos, escalando la montaña día tras día sin mirar hacia atrás y saber que cuando di un paso, lo hice con firmeza y seguridad, afirmando que cada día hay un mejor y nuevo amanecer para aquellos que confiamos en un Dios todo poderoso que nunca llega tarde.

Si algo he aprendido, es que la profesión que más exitosa te hace es aquella en la cual pones lo mejor de ti con todo tu amor, paciencia, y perseverancia.

Doy gracias a Dios por lograrlo con su mano que siempre nos guía.

No importa la carrera que te toque, hoy te invito a correr de la mejor manera.

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Maria Vélez

Maria Vélez

Nacida en Envigado (Antioquía, Colombia). Hija de cuna humilde y padres Antioqueños. Egresada del Centro Educacional Femenino de Antioquia (Medellín, Colombia). Madre de 3 hermosas hijas y casada con un hombre especial. Abuela de dos, Perla y Gabriel.

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