cuando perdonar parece imposible

Cuando perdonar parece imposible

A todos nos han herido personas importantes para nosotros en algún momento de nuestra vida; quizás fue un familiar cercano, tu pareja, un amigo(a) muy apreciado(a) o simplemente alguien por quien sentimos profunda admiración y respeto. No importa de quien se trate ni si fue de manera consciente o inconsciente la transgresión, solo en tus manos está la capacidad de sanar la herida y el dolor que dejó a su paso, pero –te advierto– no hay atajos en el proceso. Para lograrlo, necesitas perdonar a como dé lugar.

¿Y qué si perdonar me resulta imposible?

A menudo solemos escuchar que “el tiempo lo cura todo” y este es uno de los dichos populares más falso que existe. Si fuera cierto, no habría personas con raíces de amargura tan cimentadas en su corazón que, a pesar de los años que hayan transcurrido desde la ofensa, aún hoy sienten un profundo resentimiento y dolor camuflado hacia la persona que los hirió.

Ahora bien, en función de perdonar a quien tanto te hirió para empezar a sanar, necesitas entender lo que es realmente el perdón y lo que implica.

Lo que el perdón NO es

Antes de continuar, aclararé varios puntos a través de una serie de frases que probablemente te resulten familiares. Estas ejemplifican a la perfección la concepción errada que tenemos de perdonar:

Frase 1: “…yo perdono, pero no olvido”.

El perdón no guarda resentimientos. Si aún estás resentida, es porque no has perdonado genuinamente (aunque tú lo creas así).

El perdón tampoco se trata de olvidar. Si esto fuera así, todos los que hemos perdonado alguna falta sufriríamos de alguna especie de amnesia temporal.

Perdonar es recordar sin que te duela.

Frase 2: “…él/ella no se merece que lo/la perdone”.

El perdón no se condiciona. Medita en esto: Si la persona que te hirió nunca se arrepiente, ¿pasarás el resto de tu vida abrazando la amargura de tu herida?

Frase 3: “¿Perdonarlo(la) yo?, ¡mejor que pague por lo que me hizo!”.

Resistirnos a perdonar no es una forma de venganza. Mientras más lo resistas, más daño te harás, pues el perdón no se trata de lo que te hicieron, se trata de ti y de la actitud que tomas ante la ofensa.

“La falta de perdón es como tomar veneno y sentarnos a esperar que sea la otra persona quien muera”.

Frase 4: “…ya yo lo/la disculpé por lo que hizo, pero mientras más lejos estemos, mejor”.

El perdón no es una disculpa. Nos disculpamos cuando cometemos pequeños y banales errores; en cambio, pedir perdón es algo más profundo, esto solo lo hacemos cuando entendemos que hemos lastimado el corazón de alguien más. Del mismo modo sucede cuando decidimos perdonar, ya que es una necesidad que emerge de lo profundo de nuestro corazón. En cambio, cuando no nos ocupamos de hacerlo, la distancia se convierte en el mejor disfraz para nuestra herida.

Frase 5: “me duele mucho lo que me hizo, no creo que pueda perdonarle”.

El perdón no se otorga solo cuando no hay dolor. En ocasiones, cuando más dolida y en sufrimiento te encuentres, es justo cuando más necesitarás perdonar para poder ser libre.

En este punto, asumo que te preguntarás: ¿cómo puedo librarme de esa ira y dolor que no quiero sentir hacia la persona que me lastimó?

Lo que el verdadero perdón implica

Para perdonar solo necesitas determinarte a hacerlo, pues el perdón no es más que una decisión. No se trata de “sentirlo” o no, porque las emociones son sumamente inestables. Tampoco tiene que ver con que la persona que te hirió lo merezca o no, ya que no puedes enfocarte en el dolor para decidir o no perdonar.

El perdón no es solo algo que otorgas, es algo que tú misma necesitas para poder avanzar. No te mentiré, luego de hacerlo, el dolor no se irá por arte de magia, pero ese será tu primer paso para empezar a sanar tu corazón. Es algo así como quitarte ese peso de encima que no te permitía moverte de donde estabas.

Si aún sientes que tienes una espina en tu alma hacia alguna persona que te hirió y, a pesar del tiempo que ha pasado, esto es algo que no puedes expulsar de ti, entonces te invito a meditar en la siguiente pregunta: “¿acaso he perdonado genuinamente?”

Recuerda que tienes un padre amoroso al que puedes pedir que te ayude a sacar el coraje y la determinación para perdonar, pues, Dios ya nos ha perdonado infinidad de fallas, aún sin merecerlo, todo a través de Jesús. No en vano, en la oración modelo se nos enseña a “perdonar a todos los que nos ofenden”.

Si Dios mismo no escatimó en perdonarnos incondicionalmente –incluso cuando a diario herimos su corazón con nuestras actitudes–, entonces ¿quiénes somos nosotros para resistirnos a perdonar? Y sí, esto nos demuestra también que cuando nos resistimos al perdón, estamos yendo en contra de la voluntad de Dios para nosotras.

La sanidad es un proceso, pero esta no tendrá un efecto real en tu vida si antes no te determinas a perdonar como primer paso.

Aunque el dolor sea real, también lo es la esperanza de un futuro mejor.

No te pierdas la segunda parte de este post, donde hablaré de los niveles de perdón que necesitas experimentar para poder continuar tu vida con un corazón 100 por ciento sano.

#MujerInspírate

 

 

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Andrea Colina

Comunicadora Social/Periodista. Escribo, luego existo. Amante del buen cine y de los retrogames. Creativa por gracia multiforme.
JESÚS: mi verdad absoluta.

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