Pídele perdón a tu cuerpo

A veces, sin darnos cuenta y producto de la faena diaria, llevamos nuestro cuerpo a extremos que no son sanos. Es ahí cuando nuestro cuerpo nos pega un grito bien fuerte para que entendamos el daño que le estamos haciendo. La pregunta es: ¿lo estás escuchando?

Les cuento esto porque lo viví hace un par de meses. Luego de vivir una situación que me generó mucho estrés, empecé a sentir un fuerte dolor de cabeza al salir del trabajo y las palpitaciones aceleradas de mi corazón me gritaron: “¡Detente!, ¡para YA!”

Después de una larga jornada, esa noche me fui manejando a mi casa y entre lágrimas, lo único que repetía mis labios, en consonancia con mi mente y mi corazón, era: “cuerpo, ¡perdóname!” En este punto, quizás te preguntes ¿a qué estaba forzando mi cuerpo?

Siempre me he caracterizado por ser una mujer muy trabajadora, organizada y extremadamente responsable. Amo luchar para alcanzar mis objetivos y ver resultados inmediatos. Sin embargo, estas cualidades a veces nos pueden jugar en contra y sucede cuando perdemos el equilibrio, es decir, cuando no sabemos cuándo parar y tomar un descanso antes de que sea demasiado tarde.

Ese día supe que había llegado a mi límite y que tenía que asumir cambios con respecto a mi trabajo porque, de no tomar cartas en el asunto, la presión a la que voluntariamente estaba sometiendo mi cuerpo me pasaría factura más temprano que tarde.

Ahora que lo pienso, creo que mi cuerpo ya me había enviado mensajes de alerta varias veces en otras oportunidades. La diferencia es que esta vez sí escuche su grito.

No sé si en algún momento de tu vida te has sentido de la misma manera; pero si te está pasando, te invito a darte la oportunidad de pensar conscientemente, de respirar profundo y de encontrar el balance para poder sentirte mejor.

Para terminar, quiero compartir contigo lo que aprendí después de esta experiencia:

  1. Nuestra salud mental, física y espiritual debe estar entre los primeros lugares de nuestra lista de prioridades.
  2. Somos seres humanos y por ende, tenemos permiso para fallar y equivocarnos sin atormentarnos cada vez por ello.
  3. No somos indispensables; de hecho, nadie lo es. Al final, el mundo seguirá girando sin ti.
  4. No está mal ser responsables y apuntar a la excelencia en todo lo que hacemos, siempre y cuando no lo antepongamos a nuestra estabilidad emocional.
  5. No podemos permitirnos que circunstancias externas afecten nuestra calidad de vida.

Lo lindo de haber vivido esto es que Dios movió todo a mi favor para traer un cambio que aunque no esperaba, era necesario. Algo que hoy agradezco con toda mi alma.

Así como tu cuerpo habla, Dios dispone las piezas para traer el orden que necesitas en tu vida. Pero para que eso ocurra, el primer paso a dar es aprender a escuchar tu cuerpo, reconocer tu situación y abrirte de brazos al cambio.

Ya es tiempo de hacer las paces con nuestro cuerpo, afinar el oído y aprender a escucharlo.

#MujerInspírate

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Melina Vélez

Melina Vélez

Melina Vélez es comunicadora social, presentadora de radio, escritora, productora de Marketing Digital y directora creativa de Mujer Inspírate. Melina es una soñadora imparable, esposa de Ángel Galeano y mamá de Napoleón, su hijo perruno.

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