Mujer envidiosa cómo saber si sientes envidia combátela en 4 pasos

¿Cómo saber si sientes envidia? Combátela en 4 pasos

“¿Por qué a ella (o a él) sí y a mí no?”, una pregunta que seguro te has hecho en algún punto de tu vida y sí, quizás te lo has cuestionado sin ninguna mala intención de por medio, ya que solo piensas en ese deseo ferviente que tienes de ver lo que sueñas materializado en ti, pero eso no implica que se trate una actitud sana. Así trabaja la envidia: se disfraza de inocencia.

En este sentido, no puedes saber a qué te enfrentas ni trabajar en ello si primero no conoces a ciencia cierta la naturaleza de aquello con lo que estás lidiando.

¿Qué es la envidia en sí y cómo saber si eso es lo que sientes?

Hemos aprendido que envidiar es desear y sufrir por no poseer lo que el otro tiene, sea una cualidad o un bien material. De hecho, para Melanie Klein —una de las fundadoras del psicoanálisis— la envidia es un “sentimiento de enojo hacia la persona que posee y disfruta de algo deseable, a menudo acompañado por un impulso de tomarlo para sí o arruinarlo”.

celos y envidia

El detalle está en que, por ser un sentimiento, esta se camufla con facilidad en actos simples o eventuales. Lo puedes ver en comentarios tipo “te tengo envidia de la buena”, “te envidio bonito”; o en afirmaciones como “la envidia puede ser sana mientras no le hagas mal a nadie…”, “con la envidia se nace” o “la envidia sirve de impulso o motivación”, como si se tratase de un justificativo que conduce a la competencia de logros.

Este tipo de alegatos desplazan a la honestidad y pierden de vista el estudio de la envidia como rasgo de la personalidad o conducta, todo por falta de una buena interpretación del término en su contexto e implicaciones.

La envidia no es congénita. Su desarrollo depende única y exclusivamente del ejemplo y la educación que se reciba en el entorno familiar. Un ejemplo de esto es el niño que muestra su deseo por un juguete que no le pertenece. Si los padres no intervienen en canalizar su reacción, sino que muestran su complacencia o descuido, este tipo de conducta derivará en caprichos que acarrearán berrinches egoístas.

No nos engañemos, la “envidia buena” no existe y esta es la razón

Quizás pienses algo como: “ok, pero esto no va conmigo. Yo no soy caprichosa. Mi intención no es arruinar lo que otro tiene ni, mucho menos, tomarlo para mí”. Sin embargo, la RAE aclara que la envidia también es “la tristeza o desdicha que se siente al observar el bien ajeno”.

 Anne Hathaway siente envidia

En pocas palabras, las personas envidiosas son incapaces de contentarse por las alegrías ajenas, ya que la envidia actúa como un recordatorio de las propias carencias, frustraciones y anhelos inalcanzados.

Así, el envidioso está tan enfocado en lo que le falta que eso le impide apreciar lo bueno que sucede a su alrededor.

Que esto pase habla mucho de ti y de lo que pasa en tu interior, ya que la envidia nace de la comparación continua a la que te sometes y alimenta en ti un complejo de inferioridad (sí, ese que te hace sentir incapaz, inmerecedora de lo que sueñas o simplemente con “mala suerte” porque “nunca consigues lo que quieres”).

Por eso y más, afirmar que existe la “envidia sana” es similar a decir que la enfermedad o el sufrimiento pueden ser buenos. Porque sí, tal vez no le estés haciendo daño a nadie con eso que sientes, pero sí te lo estás haciendo tú misma.

Por otra parte, afirmar que “la envidia de otros te fortalece (o te impulsa)” tiene que ver más con un error de interpretación. No es lo mismo hablar de una “envidia benévola” que hablar de admiración, pues esta sí promueve el anhelo por imitar lo bueno y perseguir una meta con la motivación correcta, una que no deja de lado la conciencia en las fortalezas y debilidades que se tiene. Bien lo resume Borja Vilaseca en un artículo para El País:

“Si bien lo que codiciamos nos destruye, lo que admiramos nos construye. Esencialmente porque aquello que admiramos en los demás empezamos a cultivarlo en nuestro interior”.

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto admitir que envidiamos?

Creo que nunca he escuchado a una mujer decir “sí, soy envidiosa” ni reconocer este sentimiento como un impulso constante que le resulta difícil de vencer. La razón es simple: es motivo de vergüenza que otro descubra que nos atrae lo ajeno, nos molesta y/o entristece; también porque nos lleva a auto-rechazarnos por no sentirnos capaces —o dignas— de obtener más y por eso nos enfocamos en el otro, porque es más fácil mirar hacia afuera que hacerlo hacia dentro.

Rachel de Friends siente envidia

En palabras de Vilaseca, “reconocer nuestro complejo de inferioridad es tan doloroso, que necesitamos canalizar nuestra insatisfacción personal juzgando a la persona que ha conseguido eso que envidiamos. Al fin y al cabo, solo hace falta un poco de imaginación para encontrar motivos para criticar a alguien”.

Sin duda alguna, la envidia es la emoción personal más corrosiva que existe. Al esconderla, acaba por dañar la autoestima, frustrar los sueños y enfermar el cuerpo de tanta ansiedad.

¿Qué puedes hacer para combatir la envidia y sanarla de raíz?

Si este es tu caso, ¡no te alarmes! Aún estas a tiempo de trabajar y renunciar a esta emoción convertida en hábito. Puedes empezar por lo básico:

1. Desmitifica su benignidad en tu vida

Aunque tener envidia sea algo muy arraigado en la naturaleza humana, la clave está en no subestimarla. Así que, por más natural que te resulte y/o habituada que estés a ella, reconoce que ese sentimiento no está bien en ti ni es sano.

2. Enfócate más en lo bueno

¿Cómo? Agradeciendo más por lo que tienes en vez de quejarte de lo que careces.

La envidia se cura cuando entiendes que la clave de tu felicidad no está en lo que otros tienen o viven, sino en el arte de saberte satisfecha ante cualquier circunstancia.

3. Evita subestimarte

No uses tus debilidades para descalificarte y destruirte, mejor tómalas como una asignatura en la que necesitas seguir aprendiendo. La clave está en centrarte más en tus competencias que en tus puntos débiles para activar creativamente tu potencial.

4. Impídele a tus sentimientos influir en tu comportamiento

Aunque no puedas evitar lo que sientes, sí puedes aprender a no dejarte dominar por ello. En este sentido, lo mejor que puedes hacer es cuidar tus reacciones y comportamientos cuando la envidia aparezca. Una forma de hacerlo es que, antes de actuar, razones en tu proceder y evites caer en la crítica, el desmérito, la humillación, la ofensa o el maltrato físico hacia quien despierta ese sentimiento negativo en ti.

Rachel siente celos friends

Ahora bien, si ya lo intentaste y aún te desesperas, te deprimes y sientes el deseo de entorpecer el trabajo del otro, o bien, si tus reacciones te llevan a conflictos y enemistades, creo que es necesario que —en amor propio— busques ayuda profesional con un psicólogo o terapeuta que te guíe en un proceso de auto control, desprendimiento y nuevo aprendizaje.

¿Qué puedes hacer si es a ti a quien envidian?

Lo mejor es no prestarles mucha atención a las personas envidiosas, ya que el mismo sentimiento es tan tóxico que les lleva a adoptar actitudes absurdas.

El envidioso sufre y el sufrimiento nubla el sano juicio. Por esa razón, lo mejor que puedes hacer es amar y perdonar a quienes lo hacen, puesto que se enfrentan a su propio proceso —para no decir infierno— personal.

rachel friends jelaous envy

Como mujeres, el círculo en el que nos desenvolvemos es en sí bastante conflictivo como para agregarle más drama con actitudes que promuevan la envidia. Por medio de la rectificación y el ejemplo podemos revertir este concepto, apelando más a la sororidad.

Por tu paz integral, hoy te invito a sanar desde adentro, a construir relaciones sanas, a cultivar amistades verdaderas y a procurar una conciencia limpia que goce de libertad.

#MujerInspírate

 

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Ruth Figueroa

Ruth Figueroa

Profesora universitaria y locutora. Trabaja como asesora académica y metodológica en proyectos de investigación. Ama las letras, la música y el arte. Está decidida a vivir siendo más y su pasión es escribir para inspirar a otros.

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