Violencia contra la mujer: una pandemia en el silencio

Violencia contra la mujer: una pandemia en el silencio

Pensar en una más da escalofríos en el cuerpo y en el alma, esos escalofríos que producen los registros de mujeres asesinadas; los casos cerrados por “falta de pruebas” cuando una mujer denuncia que está siendo abusada y golpeada por su pareja. Los mismos escalofríos que producen las desapariciones y las múltiples formas de acoso que se convierten en una especie de pandemia en el silencio. El estremecimiento que deja la impunidad ante la violencia contra la mujer y las voces arbitrariamente calladas de tantas, a quienes el miedo las está envenenando por dentro.

¡No se lleven a nuestras mujeres, nuestras madres y hermanas!; ¡ya no se lleven a nuestras niñas, ni con ellas, sus sueños infantiles! No se lleven a Lorenza, ni a Jhoanna ni a Patricia…

No más titulares de prensa que nos ponga en primera plana en medio de un “presuntamente” ni de cifras alarmantes de pánico y compasión ajena. Las mujeres somos más que números que llenan expedientes y archivos investigativos; más que interrogantes sobre situaciones que desencadenan violencia en sus diferentes  formas.

No, no somos “hechos aislados” que se desvirtúan por contenidos de mayor porcentaje de audiencia y lectores adeptos. La violencia contra la mujer se ha convertido en una pandemia más, cuyos casos han repuntado durante la cuarentena.

Un “¡NO MÁS!” que hace eco en la voz de feministas, en los colectivos de defensoras de derechos de las mujeres. Un “¡NO MÁS!” poco tímido e intenso que resuena en las calles, en las escuelas, en las familias… Sin embargo, es el mismo llamado de auxilio que no queremos volver a pronunciar, porque, ¿hasta cuándo seguiremos llorándonos las unas a las otras?, ¿hasta cuándo hay que alzar la voz al unísono contra esta pandemia para que no se repitan casos como los de la menor de 11 años abusada por militares del ejército colombiano; ni Daniela, Katty, Michel, Gloria y todas las demás que se han ido o, mejor dicho, de todas a las que vilmente se han llevado?

No temas expresar tu propio sentido de belleza

Ni tus jeans apretados son sinónimo de acoso, tampoco los encajes ni la blusa a medio abrir que decides llevar; nada de eso justifica la violencia contra la mujer. Así que ponte la falda de tus sueños, ponte bonita para ti y no para el vicio ajeno de ver todo como algo prohibido y en contra de la moral establecida.

Quítate de la cabeza que eres tú el problema, que eres tú quien provoca los maltratos por parte de tu pareja, las intimidaciones, los acosos callejeros, las miradas lascivas por cómo te vistes y  cómo te comportas; no permitas que nadie te cosifique ni te sexualice.

No más vulneración por defenderte y defender tus convicciones, ni recriminaciones por tus preferencias sexuales; porque decides ser soltera y no tener hijos; porque decides casarte o irte del país.

Nos necesitamos libres de ese miedo punzante que la violencia contra la mujer deja a su paso, de ese terror amenazante que sentimos cuando salimos a las calles, cuando vamos de fiesta o estamos en casa. Nos queremos libres por pensar diferente, por cerrar ciclos amorosos, por salir de relaciones peligrosas y permitirnos nuevas oportunidades de vida. Libres de la manipulación emocional, física y psicológica.

Por más voces que se alcen contra la violencia de género

“El miedo ya me recorría mientras cruzaba los deditos tras la puerta. Tu carita de niño guapo se la ha ido comiendo el tiempo por tus venas y tu inseguridad machista se refleja cada día en mis lagrimitas. Una vez más no, por favor, que estoy cansada y no puedo con el corazón….Malo, malo, malo eres no se daña a quien se quiere, no”… Bebe, cantante. España.

Los celos enfermizos, la posesión absurda, los fantasmas que hablan en la nuca y que impiden cantar, que nublan la vista y que impiden vivir se reflejan hasta en las letras de las canciones;  porque las mujeres hemos entendido que los síntomas de un problema social, de la economía y de una época histórica —como se ha entendido esta pandemia silente de violencia contra la mujer— hay que hacerlos visibles bajo los mismos sentimientos que nos deben mover la fibra a todas: el amor y el respeto.

“Me da miedo cuando sales sonriendo pa’ la calle, porque todos pueden ver los hoyuelitos que te salen, y del aire cuando pasa por levantarte el cabello y el oro que te viste por amarrarse a tu cuello. Y del cielo y de la luna porque tú quieras mirarlo, hasta del agua que bebes cuando te moja los labios… Pienso en tu mirá, tu mirá clavá es una bala en el pecho”… Rosalía, cantante. Barcelona.

Que el temor no consolide la violencia contra la mujer como la nueva normalidad. No permitas que el miedo se convierta en tu cárcel y que nada te impida alzar tu voz con letras esperanzadoras en bien de tu integridad, tu dignidad y tu coraje.

#MujerInspírate

 

¿Qué opinas?

Diana Mile Saldarriaga

Diana Mile Saldarriaga

Periodista. Comunicadora Social. Se dedica a la investigación y realización de contenidos periodísticos y formatos de entretenimiento para televisión. Cree en las mujeres auténticas, sin fachadas, las de los aciertos y las torpezas, las del perdón propio. Le apasiona comprar libros, leerlos, releerlos y pintarlos con lápices de colores.

You May Also Like

Conductas autolesivas, cuando el dolor emocional te lleva a hacerte daño - autolesión

Conductas autolesivas: cuando el dolor emocional te lleva a hacerte daño

por lo menos, la expresión que te impide vivir en plenitud

«Por lo menos», la expresión que te impide vivir en plenitud

las chicas que me habitan

Las chicas que me habitan

mujer con estrés postraumático

Vivencias que marcan: ¿cómo saber si tienes estrés postraumático?

error: Content is protected !!