Te reconocen, pero… ¿tú te reconoces?

Sí, aunque no lo parezca, no lo creas o no te des cuenta, los demás nos están mirando; pero ¿qué miran?

Nuestros pasos, además de dejar huellas y esparcir aromas, revelan quiénes somos, cómo nos sentimos, hacia dónde vamos y cómo nos proyectamos.

Comencemos con el físico: ¡A la vista de todos!

Como un espejo ante otros está la estatura, contextura y compostura, la belleza y simpatía, el mal aspecto y hasta el look indiscreto. Allí fácilmente se dejan escuchar comentarios como “¡qué buen outfit tienes!”; o el susurro de un, “¡qué mal vestida anda!”, y el rumor de cuerpos descuidados e insanos por la obesidad, demacrados por la mala nutrición y envilecidos por la descortés manera de vestirse.

En cada situación, hay una decisión que te define. Para cada una de ellas, puedo recordarte que la hermosura es superficial si no proviene de la pureza. Verás, el cuerpo saludable es producto del cuidado y una constante limpieza; esto quiere decir que puedes bajar de peso, puedes alimentarte mejor, puedes ser cortés y bella al vestirte, también puedes tener un cuerpo excepcional y lucir el mejor de los outfit, con maquillaje y peinados únicos;  pero sin la honra, la moral se destrona.

¿Cómo somos al vestirnos? Somos simplemente bellas o grandiosamente amadas, francas, humildes, dignas de admiración, con una actitud externa de ejemplo.

¿Qué hay detrás del estilo?

Cada una tiene cualidades que la hacen diferentes de las demás, por eso escuchamos cosas como: “¡mírala cómo camina, cómo habla, cómo viste!” Ahora bien, ¿quiénes somos originalmente al mostrar un estilo? Somos mujeres creativas o negativas, impulsivas o aparentes, engañosas o sinceras, mujeres libres que sonríen o cautivas que mienten, de colores exagerados o de grises abrumados, mujeres elegantes y compasivas o desdichadas temerosas.

El estilo es la estima que diseña la paz, el ánimo que se alimenta de la fe, la fortaleza que produce la gratitud y la alegría; el estilo es la buena voluntad, paciente y llena de bondad… Es el amor que tiene rostro de perdón. Por esa razón, el estilo no se compra, no se plagia ni se aparenta; se vive porque se es.

Actitudes que revelan la verdadera identidad

Sí, las actitudes están a la vista de todos; estas influyen, edifican y también causan heridas. Entonces, ¿qué pensamos? Pensamos en lo que somos, y somos lo que una palabra y/o comportamiento formó –sea para bien o para mal–. Meditemos en esto: ¿cuántas actitudes negativas tenemos, producto de una mala formación?, ¿cuántas actitudes deterioradas asumimos por la ignorancia?, ¿cuántas actitudes frívolas manifestamos por un pasado oscuro, sin amor, sin perdón, frustrado y castigador?

Para cambiar de actitudes equivocadas no es suficiente un libro de auto ayuda, mucho menos el positivismo de teorías conductuales, tampoco el logro temporal de una relación emocional que nos cataloga como estables.

Mujer, es necesario sanar, reconocerte en el perdón y no en la soledad, mirarte con amor y no a través del error; es necesario que te levantes con la fuerza del valor y no permanezcas en la parálisis del dolor. También es importante identificar los hábitos de vida que no te hacen ser realmente quien eres, porque no nacimos para ser iracundas, depresivas o amargadas; si es así, entonces, ¿qué nos hace sentir culpa y envidiar lo que no tenemos? Por esa razón hay que hurgar en lo interno, limpiar, reflexionar y decidir cambiar con un paso valiente de honestidad.

Ante esta realidad torcida hay que levantarse con firmeza para desechar, irrumpir, abandonar, detener y acabar con lo que nos detiene, interrumpe y nos es de tropiezo. Apartémonos de la identidad falsa –aquella engendrada por una mala intensión– y decidamos mejor vivir limpias de corazón, con el alma despierta por causas justas, con la mente abierta por la libertad que te brinda conocer la verdad.

Cuando te reconozcas, los demás podrán reconocerte como eres; así dejarás que se escriba tu propia historia.

#MujerInspírate

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Ruth Figueroa

Ruth Figueroa

Profesora universitaria y locutora. Trabaja como asesora académica y metodológica en proyectos de investigación. Ama las letras, la música y el arte. Está decidida a vivir siendo más y su pasión es escribir para inspirar a otros.

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