mujer con las manos sobre su pecho - cómo sanar a tu niño interior

Carta abierta: Cómo sanar a tu niño interior

Hay vivencias que marcan y para sanar a tu niño interior, eso de dejar que el tiempo borre lo vivido no hará que las cicatrices desaparezcan; por más que lo desees o intentes convencerte de ello, no funciona así… En mi caso, todo empezó a los 7 años. A esa edad ya me preguntaba cómo se puede estar tan perdida. No es algo que pueda explicar, pero sé que es posible porque así me sentía.

Como no sabía afrontar lo que me pasó, decidí ignorarlo y desde ese entonces, un sentimiento de soledad y abandono se apoderó de mí. De hecho, me hice cargo de “mi propia protección” al poner mi corazón en un cajón bajo llave, todo para que no se encontrara con la terrible tristeza de haber perdido a la persona más importante de mi vida y haber sido abusada… Así crecí y mientras lo hacía, mi niña interior se moría.

Era inevitable sentir un desamor por mí, pero no me cuestioné al respecto —siempre es más fácil mirar a los lados que hacia dentro—. Por ende, en mi adolescencia desarrollé hábitos destructivos. Me refugié en el cigarrillo y hasta peleé con él porque pensaba que era el culpable de la muerte de mi padre, de sentirme desprotegida y de haber terminado en la casa de mi tía, cerca de aquel señor… También tomé para olvidar que estaba sola y no pensar en lo que había pasado, en lo que aún pasaba o en lo que podría pasar.

Cuando te convences de que ha dejado de existir todo lo que te conectaba con la inocencia y el amor de antes, es difícil reconocer que necesitas sanar a tu niño interior para poder continuar con tu vida.

Así, cada día me sentía más derrotada y abandonada. En ese punto, para mí nada implicaba un aprendizaje; al contrario, todo se convertía en una pila más de problemas y obstáculos que me hicieron conformarme con el simple hecho de respirar, aunque eso no significara sentirme viva.

Con el pasar de los años logré cumplir con las expectativas que otros tenían de mí, pero continuaba sin conectar conmigo, sin saber quién era, qué quería o lo que me gustaba. Tenía tanta hambre de aprobación que hacía cosas que no quería o no me agradaban solo por sentirme parte de algo.

Más adelante, llegaron ángeles a mi vida que me hicieron ver otras formas de hacer las cosas. Entonces fui descubriendo como dependía de mí que cada experiencia vivida —sin importar lo fácil o difícil que fuera— se convirtiera en un escalón más que me hacía crecer, aprender y me preparaba para lo que seguía.

Esto me permitió disipar la nube de dolor que por tantos años nubló mi perspectiva y al ser capaz de ver más allá, comprendí que el siguiente paso era sanar a mi niño interior. Así entendí que esa niña de 7 años merecía perdonar, perdonarse, ser perdonada y dejar de sentirse culpable, porque eso solo le impedía avanzar.

Fue en ese momento de lucidez donde me permití volver a sentir, a conectar y recordar cada uno de esos momentos para resignificarlos e identificar en ellos lo que al principio no puede ver, el aprendizaje que me dejó y cómo aquello hizo de mí una persona más fuerte.

Sí, el dolor también es un buen maestro… Hoy, con 31 años, entiendo que sanar a mi niño interior, más que necesario, era algo que debía decidir y ¡vaya que fue una buena elección!

Algunos procesos fueron poco lógicos y dolorosos, también tuve que desaprender cosas inherentes al abuso; pero reconstruir mi relación con aquella niña —que también soy yo— le brindó a la mujer de hoy la confianza y la experiencia que necesitaba. Hoy contemplo y amo a la niña de ayer como ella lo necesitaba después de perder a su padre y ser abusada.

Hacer las paces con esa niña que fui, hizo que sanara la relación que tenía conmigo como mujer.

Sanar a mi niño interior me permitió sanar mi presente errante y asumir activamente los cambios que necesitaba hacer. Esta vez volví a encontrarme con la niña de 7 años que era antes; una que vivía sin dolor, feliz y amada. Esa niña ya no está molesta, tampoco se siente sola ni abandonada; ahora quiere salir al mundo porque se sabe merecedora. Ella es capaz de caminar con orgullo, porque su inocencia camina de la mano con su sabiduría.

Después de mostrarme rebelde, resentida, y gracias al acompañamiento profesional, finalmente encontré herramientas de perdón, de desapego y amor que me ayudaron a seguir adelante.

Todo este proceso me mostró al Dios con el que un día peleé, como un Dios que nunca se alejó de mí.

En meditaciones guiadas me pedían conectar con esa niña, pero esa niña se escondía. A veces la sentía, pero no la veía ni podía hablar con ella. Un día, acompañada por uno de esos ángeles humanos que Dios me enviaba, ella volvió a nacer y creció en mis manos. La primera vez que vi a esa niña interior, era un bebé de meses de nacida que iba creciendo al mismo tiempo que yo reconocía lo aprendido durante los años que he vivido.

Para poder encontrarme y continuar el proceso de sanar a mi niño interior, fue necesario entender varias cosas:

  • Aunque papá murió, eso no significa que quiso abandonarme. Él sigue estando en mi corazón y acompañándome en cada uno de mis pasos.
  • Como mamá tenía un esposo hospitalizado, necesitaba que alguien cuidara de mi hermano (un niño de 3 años) y de mí. A mi hermano lo enviaron a otro sitio, pero la mejor opción que encontró para mí fue esa. Eso no la hace responsable de lo que viví en aquel lugar.
  • Mamá también se sintió sola, asustada y abandonada.
  • La persona que se ofreció a cuidarme tal vez no estaba enterada de lo que estaba pasando.
  • Hice un acuerdo de almas con aquel ser, porque necesitaba vivir el abuso para poder acompañar a otros que también lo vivieron. Hoy, ese es parte de mi propósito.
  • Los abusos habían estado presentes en mi familia y necesitaban una voz que tuviera la valentía para hablarlo, porque no solo he sanado yo, también están sanando los niños internos de otros que se han reconocido en mi historia.

Reconocer lo que viví, en vez de seguir dándole la espalda, me ha permitido seguir sanando a mi niña interior, sanar mi linaje y reconocer la mujer fuerte y valiente que soy.

A veces no somos conscientes de cómo nos ha afectado lo que hemos vivido. La niña que fuiste sigue ahí dentro y el hecho que esté herida marca la pauta de la mujer que eres en el presente.

El amor propio y la reconciliación empiezan cuando decides conectar contigo.

Es posible que en ese camino te topes con instantes que tal vez no son tan felices como quisieras —me refiero a cosas que quizás preferirías olvidar—, pero volver a esos momentos con las herramientas que tienes hoy, es trabajar a lo interno en ti para poder ser una mejor persona, más madura, más fuerte, y así llevar una vida plena.

Puedes hacerlo desde el amor y de la mano de Dios, pero hacerlo es un paso que solo tú debes dar.

Sanar a mi niña interior trajo felicidad, consciencia, empatía y compasión a mi vida. Hazlo por ti, por tus antepasados y por tus sucesores; hazlo sin culpas. Recuerda que esa niña, esa adolescente e incluso, esa adulta no tienen a la mano las herramientas con las que hoy sí cuentas.

#MujerInspírate

 

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Clara Cuartas

Clara Cuartas

Clara ha logrado crear un perfil único a través de su trayectoria. Actualmente se dedica a acompañar a las personas en el cumplimiento de sus sueños personales y empresariales desde el diseño, el coaching y el reconocimiento de las habilidades individuales.

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