No seas ambiciosa, ¡sé visionaria!

No hay persona sobre la faz de la tierra que no haya estado expuesta a las presiones sociales; por muy mínima que sea la exigencia del círculo en donde nos desenvolvemos, esta es una realidad innegable. Sea en la universidad, en el trabajo, en nuestro círculo de amistades o dentro de la propia familia, pareciera que existiese una lista de parámetros a cumplir para demostrar nuestro propio bienestar, y de esta manera, garantizar la paz común.

Vivimos en una sociedad que cada día nos exige más y, por ende, nos enseña también a exigir. Esto, aunque nos cueste aceptarlo, nos hace vivir en una eterna búsqueda de aceptación; y ¿es que a quién le agrada ser criticado, cuestionado o juzgado? Hay que reconocerlo: la vida resulta mucho más sencilla al sabernos aprobados por otros. De esta manera, la ambición va tomando lugar en nuestros corazones como una respuesta a la presión y a la necesidad latente de aprobación.

Hay personas que catalogan la ambición como una cualidad; la definen como esa fuerza que te lleva a superarte constantemente en todas las áreas de la vida. En cambio, otros tantas la consideran como un sentimiento negativo, mayormente asociado a la avaricia y a la falta de escrúpulos, donde “el fin justifica los medios”. Ahora bien, ¿qué es la ambición en sí y a dónde puede llevarnos?

Para la Real Academia Española (RAE), la ambición es ese “deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, honores o fama”, mientras que la persona ambiciosa se define como aquella que “tiene ansia o deseo vehemente de algo”. Viéndolo así, ¡la verdad es que no suena nada mal eso de ser ambiciosa! Pues se lee como ese elemento indispensable que nos invita a salir de nuestra mediocridad y conformismo para convertirnos en personas determinadas. ¿Cómo decirle “no” a eso?

Pero, si meditas en ello, cabe preguntarse cuál es ese “deseo vehemente” y de dónde proviene; a qué responde ese anhelo del corazón y si realmente es tuyo ese deseo… De esas interrogantes, parte la más importante de todas: ¿el cumplimiento de ese “deseo vehemente” te traerá felicidad y paz por sí mismo?, o ¿todo eso vendrá como resultado del “poder, riquezas, honores y fama” que te dará? (Que conste: no lo digo yo, sino la RAE).

Así, con un recibimiento de bombos y platillos, la ambición llega y se instala en tu corazón bajo una falsa expectativa de éxito y realización.

La ambición no funciona más que para asumir un objetivo como un “sueño” que tú crees propio, pero que nunca ha sido tuyo dado que su verdadero origen responde a una necesidad escondida: la necesidad de aprobación. ¿Quieres saber cuándo un sueño es realmente genuino? Cuando a pesar de la carencia del “poder, riquezas, honores y fama”; tu deseo de llegar a esa meta permanece intacto, simple y llanamente porque sabes que naciste para ello; porque tu felicidad está ahí, en el cumplimiento de tu visión, y no en lo que ello traerá a tu vida.

No me malinterpretes, este post no es un llamado al conformismo. No está mal establecer objetivos y metas reales en tu vida, pero hay una diferencia entre ser ambiciosa y ser visionaria. El ambicioso pone sus ojos en el ‘plus’, en el “poder, riqueza, honor y fama”; en cambio, el visionario es aquel que “se adelanta a su tiempo, o tiene visión del futuro” (RAE). El visionario no ve su presente, sino que saborea su mañana porque tiene esa certeza y sabe que nada ni nadie (ni siquiera la realidad que los ojos puedan ver al momento) puede alterar ese destino.

Mi querida amiga, sea cual sea el camino que escojas transitar, no puedes olvidar que vivimos en un sistema que sobre-estima la clase social ante la humildad; que antepone la ostentación sobre la prudencia, el oportunismo ante la integridad, y el beneficio propio ante el bienestar común. Nunca pongas la mirada en lo efímero, ¿de qué vale desgastarte al cultivar tu belleza exterior y atractivo si tu corazón está marchito? ¿De qué vale desgastarte por conseguir las riquezas del mundo si no hay salud?, ¿De qué te sirve la fama y honor, cuando todos los que te rodean son añadidos por tu popularidad, y no por quien eres sin ella? ¿De qué vale tener al hombre más guapo y codiciado a tu lado, si no sabe amarte como te mereces; si con lujos y obsequios busca llenar lo que solo un corazón genuino puede satisfacer?

Nunca bases tus decisiones de vida bajo un espíritu ambicioso, con base en lo material y efímero. Ciertamente no se equivocó aquel sabio al asegurar que TODO es vanidad. Cultiva tu alma, espíritu, mente y corazón con sueños y valores reales; supérate por ti misma porque lo deseas, no por darle a otros lo que esperan de ti; desecha hoy la ambición de tu vida y empieza a ser una visionaria.

#MujerInspírate

 

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Andrea Colina

Andrea Colina

Comunicadora Social/Periodista. Escribo, luego existo. Amante del buen cine y de los retrogames. Creativa por gracia multiforme.
JESÚS: mi verdad absoluta.

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