¿Cómo puedo mejorar mi autoestima?

Esta es una pregunta que escucho o leo de continuo… Caer en cuenta de cómo la mayoría de las luchas, miedos, inseguridades y retos que cada mujer enfrenta está directamente ligada a la percepción que tiene de ella misma, es algo que no deja de preocuparme; por eso que me he dado a la tarea de escribir al respecto.

Afianzando la identidad

Una autoestima débil es sinónimo de una identidad débil. Verás, fuimos diseñadas por un Dios maravilloso para ser guerreras capaces de solventar problemas, para sabernos y sentirnos valiosas (y por ende, no negociar nuestro valor), para caminar seguras, confiadas y sin temor, y para ser agentes de cambio a través de esas habilidades y capacidades que Dios mismo nos ha dado. Suena bien ¿no? Entonces ¿por qué nos cuesta tanto vivir conforme a ello? Porque hemos desviado la mirada de nuestra esencia y hemos permitido que agentes externos (como los estándares, y el «qué dirán») nos afecten.

Entonces nos volvemos duras con nosotras mismas, nos criticamos sin contemplación, maximizamos nuestros errores, nos permitimos ceder por temor a ser rechazadas, nos volvemos perfeccionistas, ocultamos nuestros errores y culpamos a otros de nuestros fracasos… Si no me crees, descubre acá estos hábitos que destruyen tu autoestima.

Hermosuras, el primer paso para trabajar nuestra autoestima es disponernos a cambiar nuestra forma de pensar, empezando por los pensamientos negativos que tenemos hacia nosotras mismas.

Entonces, ¿qué hacer?

La realidad es que sin un cambio de pensamiento, será muy difícil asumir tu verdadera identidad, y por ende, lograr sentirte y actuar mejor. Recuerda que tal como piensas, sientes y actúas. Es por ello que los pensamientos negativos no son más que un reflejo de lo que llevamos dentro. Ahora bien, mi recomendación es que desde hoy empieces a:

  1. Controlar tus críticas destructivas, porque estas no te aportan nada, más bien te restan. ¿Cómo lo haces? Cambiando una crítica por una palabra constructiva y reconociendo tus avances en vez de enfocarte en los fracasos.
  2. Enfoca tu energía en las cosas buenas que estás haciendo. Esto implica dejar ir las malas decisiones del pasado. Si de continuo te lamentas por cosas que hiciste o dejaste de hacer, este es un indicio de que no has hecho las paces contigo misma.
  3. Olvídate de ser perfecta. Una mujer fuerte conoce bien sus debilidades y no se reprocha por ellas porque entiende que la perfección no existe. Por eso se reconoce como humana y capaz de fallar sin que el mundo se venga abajo porque lo haga.
  4. Mira los errores como oportunidades. Todo error trae una enseñanza, la manera en que no debes proceder. Así que agradece las experiencias que has ganado de tus fracasos sin estancarte en ello. ¡Aprende y sigue adelante!
  5. Celébrate y acredita tus logros, pero sin caer en el egocentrismo.
  6. Empieza a valorar tus ideas. Por más pequeñas que sean, nunca subestimes tus ideas. Para Dios no hay NADA imposible, entonces ¿por qué empeñarte en limitarlo y en limitarte?
  7. Rechaza los comentarios destructivos de otros. Lo que dicen de ti, no es lo que eres. Lo que haces es lo que realmente eres.
  8. Ayuda a alguien que lo necesite. Siempre es bueno dejar de enfocarnos tanto en nosotras y empezar a pensar en las necesidades de otros.
  9. Enfoca tu vida en cosas que sumen y no que resten. Esto aplica desde hábitos hasta personas.
  10. Rodéate de gente buena. Necesitas juntarte con personas que te impulsen a ser mejor y quieran crecer contigo en cada proceso de vida.

Cuando te dispongas a renovar tu mentalidad y a enfocarte más en lo positivo, tu percepción de ti misma empezará a cambiar; además, con la ayuda de Dios empezarás a descubrir tu identidad, el valor que verdaderamente encierras y el motivo para el cual fuiste creada así como eres, invaluable, hermosa y única.

#MujerInspírate

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Melina Vélez

Melina Vélez

Melina Vélez es comunicadora social, presentadora de radio, escritora, productora de Marketing Digital y directora creativa de Mujer Inspírate. Melina es una soñadora imparable, esposa de Ángel Galeano y mamá de Napoleón, su hijo perruno.

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