Reflexiones sobre la tristeza, la depresión y sus diferencias

Durante mi vida como profesional, he escuchado de boca de muchas mujeres expresiones como: “¡Ay, no!, ¡qué depresión!”; “¡estoy tan ‘depre’!” o “¡yo lo que tengo es una fuerte depresión!”… Este hecho me llevó a preguntarme si realmente conocemos la diferencia entre depresión y tristeza.

Sin ánimo de generar malestares, la mayoría de las personas que hacen este tipo de comentarios no conoce –con certeza– la divergencia entre estos conceptos. Por esto es de suma importancia que aprendamos a reconocer –de forma adecuada– cuándo se está triste y cuándo se está ante la presencia de un trastorno depresivo.

Una clara línea divisoria

La tristeza es una emoción básica de todo ser humano, por ende, su presencia es normal y natural durante toda nuestra vida. En cambio, la depresión es una enfermedad que debe atenderse médica y psicológicamente, pues existe un alto riesgo de recurrir al suicidio como mecanismo de solución a los síntomas.

Sí. La tristeza está presente en la depresión, pero no son sinónimos ni implican lo mismo.

La tristeza como función

La tristeza aparece como un proceso de readaptación en la vida. Esta nos permite períodos de reflexión y revisión interna en los que nos damos la oportunidad de reestructurar nuestra vida.

La función más bonita de la tristeza es que nos acerca a la gente, nos impulsa a pedir ayuda y nos fortalece en humildad. De hecho, se considera que la tristeza ayuda a la persona a expresar una situación de pérdida o decepción, tal como favorece la reflexión y el autoconocimiento.

Sin embargo –y aunque sentirse triste sea algo normal– no se debe normalizar la tristeza como un estilo de vida.

Ahora bien, la tristeza opera de manera distinta en cada persona. Esto dependerá del temperamento, de la carga genética de nuestra familia, de los factores ambientales y de la crianza; ya que a partir de estos elementos, se construyen los mecanismos de afrontamiento y los factores de riesgo.

Los mecanismos de afrontamiento son todas aquellas herramientas de vida que nos ayudan a sobreponernos de los problemas y a ser resilientes; un ejemplo claro son las buenas relaciones familiares y sociales, los hábitos saludables, los vínculos con instituciones como la iglesia y/o grupos sociales, las habilidades comunicativas, entre otros mecanismos.

Por otra parte, los factores de riesgo se ven representados en todo aquello que nos obstaculiza resolver sanamente nuestros problemas, como hábitos insanos, vínculos familiares y sociales tóxicos, aislamiento social, antecedentes de enfermedad mental familiar, entre otros factores.

Sobre la depresión

Lo que siente una persona con depresión, también lo siente una persona que está triste. De ahí parte la dificultad de diferenciar una cosa de la otra.

Una persona que está triste no necesariamente está deprimida.

Por ejemplo, cuando terminamos una relación de pareja o muere un ser querido, solemos sentir “que morimos” o que nuestra vida pierde sentido. Para diferenciar la tristeza de la depresión, se debe tener en cuenta la frecuencia de esos síntomas, si se manifiestan en todas las áreas de la vida (familia, trabajo, estudios, entorno social) y si realmente hay un deterioro significativo en estas áreas.

Una persona que está triste, a diferencia de una persona con depresión, puede lograr cumplir con su trabajo, con la universidad o adaptarse adecuadamente al entorno social.

La única persona que puede realmente afirmar que se padece de depresión como trastorno afectivo es un médico psiquiatra certificado o un psicólogo, luego de haber observado dichos síntomas y remitir el caso a psiquiatría para confirmar la sospecha.

Estas son algunas señales que te ayudarán a diferenciar entre tristeza y depresión:

La tristeza…

  • Es una emoción normal y común en el ser humano que no afecta de forma permanente la vida cotidiana
  • No requiere tratamiento
  • Acarrea aburrimiento y desánimo
  • Expresa un deseo metafórico de morir
  • Dificulta conciliar el sueño
  • Genera desgano por la comida
  • No te desconecta de tus deseos
  • No te aísla de otros

La depresión…

  • Conduce una tristeza profunda con inhibición de funciones psíquicas (atención, memoria, percepción, inteligencia, entre otras funciones).
  • Requiere tratamiento psiquiátrico y psicológico
  • Acarrea abulia –falta de energía o motivación para hacer algo– y anhedonia –pérdida del placer por hacer cosas que antes me gustaba hacer–
  • Alimenta un deseo literal de morir
  • Conlleva al insomnio o a dormir en exceso
  • Genera falta de apetito o consumo excesivo de comida
  • Desemboca en falta de deseo sexual
  • Conlleva al aislamiento social

La tristeza es una emoción y la depresión es una enfermedad.

Para concluir, recuerda que en estos casos es mejor pecar por exceso y si sientes que tu estado de tristeza se te está escapando de control, es hora de buscar ayuda. Por el contrario, si ves a alguien en esta situación, aconséjale o ayúdale a buscar a un profesional que le brinde la ayuda necesaria y de forma prioritaria.

La depresión diagnosticada a tiempo tiene buen pronóstico de tratamiento.

El autocuidado parte de saber reconocer cuándo pedir ayuda y nuestra salud mental no es cuestión de juego, por lo que requiere de nuestro cuidado y responsabilidad.

Escrito por Estéfany Cardona. Psicóloga de profesión, amante de los animales y defensora de la libertad del sí mismo. Desde hace tres años trabaja en colegios ayudando a niños, adolescentes y a sus familias a aprender nuevas formas de comunicación y convivencia familiar. Estéfany ha dedicado su trabajo a promover la responsabilidad emocional y la toma de decisiones asertivas desde la psicoterapia individual y familiar.

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